Tubo de ensayo

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René Delios

En este país tenemos gente vulnerable que ha sido desplazada de sus derechos sociales desde hace mucho tiempo, por políticos corruptos y sus políticas equívocas, por lo que no se pude hablar ni de una justicia social ni de una democracia boyante en México ante esa inequidad, y es evidente que desde pasados gobiernos se beneficiaron a ciertos sectores que se fortalecieron pero que no correspondieron socialmente con la nación, sacrificando la mejoría social de millones hoy en una marginación que data desde sus abuelos.

Y ahí está el historial estadístico.

Desde luego que cada cual le tira a lo que le conviene, porque así nos han gobernado y establecido el modus operandi, y así actúan los sectores y sus intereses y, mientras, esos millones de mexicanos en la pobreza incluso extrema, porque –absurdamente- en la súper estructura se andan midiendo fuerzas en vez de reconocer la necesidad de emparejar la calidad de vida de esas personas, y en la llamada base social se siguen distrayendo en peleas epistolares como bizantinas en las redes sociales, defendiendo cada cual sus propias trivialidades.

Desde luego que la gente afectada mostraba el hartazgo social, y aun con eso no fue escuchada, hasta que hizo valer su opinión en 2018 y reiteró la posición en 2021.

¿De qué se sorprenden?

Esos marginados deberían ser la causa común de todos los mexicanos como pueblo, pero nos acuñaron el individualismo a ultranza muy por encima de compromisos nacionalistas, y se propició lo partidista, ideológico, incluso religioso: el varo y el poder por encima de todo.

Somos una nación dónde su gente es vista desde el exterior como parte del problema, es decir un pueblo corrupto, por permitir durante décadas y décadas que un grupo en el poder se hiciera de los recursos y propiedades del estado, aplastara el estado de derecho a modo, generara mucha riqueza en unos y miseria acumulada en otros, a grado tal que “las palancas” eran la vía para conseguir lo que no se podía por la vía legal.

El “está bien parado” era sinónimo de poder, no por la capacidad, sino por la cercanía con el presidente, el gobernador o munícipe.

¿O no?

No se hicieron las cosas bien; si fuera lo contrario se viera, se reflejara en una mejor condición de vida en todo México.

Pero no es así.

Así que está de más que se defiendan pasados modelos de gobierno y se le inventen héroes, porque el desencanto de la realidad no permite pulir ninguna sigla, y menos erigir estatuas a político alguno.

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